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0 de Octubre de 2020 | 9-:01: 1
TÁNGER: DE MISIONES POR NUESTRA PROVINCIA
Hace solo unos días que tenía la oportunidad de, acompañando al Provincial, visitar el convento de nuestras Madres de Tánger. Si bien no era la primera vez que atravesaba el Estrecho, sí que era la primera ocasión en que abandonaba el territorio patrio por estas latitudes para “adentrarme en tierra de moros”.
No tengo certeza de haber llevado ninguna idea preconcebida pero, tampoco podría asegurar que mi mente fuera libre de prejuicios: los miedos a otra cultura, a otra forma de entender y de creer, a otro modo de mirar la vida, nunca me fueron ajenos, tanto que, en los dos días que duró la visita, me sometí voluntariamente a una clausura canónica similar a la del monasterio que visitaba, quien sabe si no me “había encerrado en el cenáculo por miedo a los judíos”.
Pero, tal vez este mi “voluntario” encerramiento ha sido el que me ha hecho descubrir el verdadero choque de culturas: no el de hombres que difieren en raza o en credo, tampoco el de las distancias lingüísticas o filosóficas, sino el de aquellas personas que vivimos, felizmente, refugiados en nuestros miedos, frente al de aquellas otras que, únicamente “por amor a Dios y al prójimo”, “abandonan padre y madre, esposo o esposa”, para “poner la mano sobre el arado sin volver la vista atrás”.
Desde mucho tiempo atrás, mi falta de grandeza de anima, me había impedido entender, más allá de la insulsa teoría, aquel, tan cacareado orgullo esgrimido desde el Carmelo Descalzo, de tener toda una Patrona de las Misiones sin haber traspasado la calidez de la amada reja. Hoy, tras haber compartido unos, más que insuficiente, momentos con cuatro “frágiles” mujeres he querido comenzar a entender.
En medio de un mundo que no las entiende, cuatro mujeres, al son de una campana que no pueden tocar, se reúnen para, “tratar de amistad”, con ellas mismas desde su silencio, para “amar sin reservas” a aquellos que ni siquiera quieren oírlas y para seguir “estando a solas con quien saben les ama”.
La una, “tratando de sobornar al mundo con una sardina” de su Santurce natal, la otra, envolviendo con un lazo de amor todos los dolores sufridos por el alma portuguesa, la tercera poniendo un tinte de color y de libertad desde su corazón liberiano y una cuarta, recién llegada ella, queriendo extender el camino de su Santiago querido, más allá del mar.
Es un pequeño “palomarcico” , catorce kilómetros “al sur de Algeciras” que, a pesar de sus incomodidades, de sus agujeros, de la inseguridad, de los olvidos, sigue soñando con “volar tan alto, tan alto”. Es un pequeño “palomarcico” a catorce kilómetros “al sur de mis miedos y de mis olvidos” que necesita de la ayuda de todos: es “nuestra casa de misión sin salir de la Provincia”.
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...a una Esperanza nueva. |
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Tras una puerta cerrada ... |
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...a una Esperanza nueva. |
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La cruz como única compañera |
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...a una Esperanza nueva. |
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...a una Esperanza nueva. |
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...a una Esperanza nueva. |
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Murallas que separan dos mundos |
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... con Dios y con los hermanos |
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Tras una reja, un mundo distinto |
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Los minaretes siempre presentes... |
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...a una Esperanza nueva. |
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La comunidad "casi" al completo... |
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Tres millones de personas las envuelven |
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La campana siempre guarda silencio |
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Lo mejor para sus frailes... |
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...hacia el infinito, ... |
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...de un trabajo, momentaneamente, abandonado,... |
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...faltaba porque andaba "con Dios entre las manos" |
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...una puerta que quiere abrirse... |
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Catorce kilómetros al sur de "nuestras vidas" |
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